07 noviembre 2011

La venganza de los Clinton.

A finales de septiembre, Barack Obama y Bill Clinton jugaron los 18 hoyos del campo de golf en una base militar a las afueras de Washington. Seg√ļn las im√°genes difundidas, el ex presidente estadounidense hablaba y mov√≠a las dos manos, expresivo, mientras el actual escuchaba y se concentraba en el partido (que gan√≥).

Obama asegur√≥ que comentaron los efectos de subir impuestos a los m√°s ricos para volver al nivel fiscal de la Administraci√≥n Clinton. «Le pregunt√©, '¿y qu√© tal fue?'. Pues resulta que se crearon un mont√≥n de empleos», explic√≥ el presidente en una cena de campa√Īa horas despu√©s. Lo que obvi√≥ es lo que subraya ahora Clinton en un libro de consejos econ√≥micos que publica ma√Īana para «ayudar» al presidente y, de paso, meterle unas cuantas pullas. Los banqueros y grandes ejecutivos apoyaron al presidente dem√≥crata de los 90 porque no les criticaba en p√ļblico. «Muchos me respaldaron cuando les sub√≠ los impuestos en 1993, porque no les ataqu√© por su √©xito», escribe Clinton, seg√ļn los primeros extractos.

En el libro, el ex presidente afea a Obama su lentitud cuando ten√≠a al Congreso de su lado, por ejemplo, para subir el techo de deuda p√ļblica, lo que le hubiera evitado la crisis de este verano. Se queja de su falta de mensaje contra los republicanos y de su incapacidad para explicar lo que est√° haciendo hasta a quienes se benefician de sus pol√≠ticas. Clinton achaca la derrota de las elecciones al Congreso en 2010 tambi√©n a la negligencia en la comunicaci√≥n. «No hubo ninguna campa√Īa de publicidad para explicar y defender lo que hab√≠an hecho», escribe el ex mandatario.

Los comicios de 2010 y la aparente desidia de los dem√≥cratas motiv√≥ a Clinton para escribir el libro, Back to Work. El ex presidente ya public√≥ su biograf√≠a en 2004, pero este pretendido recetario de pol√≠ticas econ√≥micas es una nueva manera de reivindicar sus ocho a√Īos de Gobierno en que se crearon 22 millones de empleos y el d√©ficit de 211.000 millones de euros de Bush padre se convirti√≥ en un super√°vit de 172.000.

Clinton critica, sobre todo, a los republicanos y su pol√≠tica «antigubernamental», pero insiste en que la econom√≠a actual «es un desastre» y Obama ni siquiera est√° explicando lo que hace. «Estoy intentando ayudarle, pero parece que ha perdido su hilo argumental», dec√≠a Clinton en agosto sobre un pol√≠tico con quien no conecta por su frialdad y una historia com√ļn de disputas.

El partido de golf era una de las raras ocasiones en que Obama depart√≠a con Clinton, despu√©s de a√Īos de desavenencias que se remontan a una d√©cada antes de la dura campa√Īa contra Hillary en las primarias dem√≥cratas. En 1996, reci√©n elegido en el Senado de Illinois, Obama critic√≥ al presidente por renunciar a sus principios para complacer a los republicanos y Clinton apoy√≥ a los rivales del joven en el partido. Si bien la relaci√≥n se ha relajado desde 2009, los Obama nunca han invitado a los Clinton a cenar en la Casa Blanca.

El presidente casi suplic√≥ a Hillary que fuera su secretaria de Estado, pero tambi√©n ha limitado su margen de maniobra y ha impuesto nombramientos en su equipo. Sobre Afganist√°n, Irak o Guant√°namo apenas le ha dejado espacio, aunque Clinton, poco quejosa, se ha dedicado a la diplomacia m√°s discreta y ha aceptado el rol de subordinada. Su peque√Īa venganza es que, desde el hundimiento de Obama en las encuestas, dem√≥cratas y republicanos repiten que con ella la situaci√≥n habr√≠a sido mejor. Seg√ļn una encuesta de Time, si Hillary se presentara ganar√≠a por 17 puntos a Mitt Romney, el probable candidato republicano (Obama empatar√≠a o perder√≠a, seg√ļn la mayor√≠a de los sondeos).

Su entorno alimenta los rumores de un posible nuevo intento en 2016, cuando ella cumpla 69 a√Īos. Pero Hillary lo desmiente e insiste en que s√≥lo quiere estar un mandato como secretaria de Estado. «Ya he hecho mi aportaci√≥n. Lo he hecho lo mejor que he podido. Pero ahora quiero dedicarme a otras cosas. Quiero volver a escribir, tal vez ense√Īar y trabajar con mujeres y ni√Īas por el mundo», coment√≥ en octubre a la NBC, con el mismo √©nfasis con el que hace unos a√Īos negaba que fuera a ser candidata a la Casa Blanca.

Esta semana es portada de Time. En una foto en blanco y negro donde sale favorecida, mira hacia el infinito, sentada en su mesa de trabajo, con papeles y un bol√≠grafo en las manos. La revista titula el laudatorio reportaje «El poder inteligente».

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